jueves, 3 de junio de 2010

Twisted mind.

Hoy estoy lleno de pensamientos. Los malos superan a los buenos, al menos en cantidad. Tal y como se ve en las películas. Solo espero que sea un final feliz.

Creo que estoy atravesando por una etapa de reinvención en la que me he percatado de mis más grandes errores. Tengo la mente ocupada pensando en como pagar los platos rotos, muy literalmente. Esa es la parte que más energía toma de mí. "¿Cómo enmendar todo y prepararse para un nuevo comienzo?" es la pregunta que revolotea de lado a lado en el cuarto vacío de mi cabeza.

Me he llamado a mi mismo cobarde, trantando de despertar a la bestia, pero no dio resultado porque sé que no es así. No estoy escondiéndome bajo las sábanas, esperando a que pase la tormenta. Al contrario, creo que estoy afuera, en medio del diluvio con un muy buen paraguas.

La guerra de pensamientos oscila entre el fatalismo ideológico, si es que ese término existe (darle significado yo mismo si no lo tiene), y el nuevo comienzo.

Durante un buen tiempo creí en mí mismo como un ente diferente y aislado, como alguién superior (al menos en ideas y acciones) y ese ha sido mi error. Al parecer, la humildad se gana.

Fatalismo ideológico: darle muerte a los proyectos actuales.
Nuevo comienzo: ¿borrón y cuenta nueva?

Ahora que veo la rápida secuencia de imagenes proyectadas justo detrás de mis ojos transformadas y plasmadas en palabras todo parece sencillo, más de lo que en verdad es. Tengo un solo enemigo que abatir. Yo mismo.

En verdad estoy en guerra conmigo mismo; por no pensar con claridad cuando aún estaba en tiempo, por esa miopía que no quise curar hasta que el golpe fue verdaderamente fuerte y peor aún, por esa gente que se vino conmigo. A grandes razgos, por irresponsable.

En verdad siento como esta caida afecta cada una de las partes de mi cuerpo que tocaron el suelo. Alguién muy sabio dijo que tenemos que tocar fondo para volver a salir. Curiosamente, no estoy en el fondo, al menos no en términos generales. Estoy en el fondo mentalmente. He llegado a mi propio límite, impuesto por mí. Es el momento de observar los flancos. Estoy frente a una pared dentro del laberinto. La respuesta es sencilla: hay que girar y seguir caminando en busca de la salida.

En estos momentos lo único que mantengo en mis manos es todo el apoyo de las personas que quiero. Todo lo que han hecho por mí y están haciendo sin siquiera saberlo. El solo hecho de estar ahí parados en medio del camino, esperándome para decir "todo va a estar bien" es lo que me mantiene de pie, por decirlo de alguna manera. Tengo fé en que podré lograrlo y que en verdad todo estará bien.

Es un alivio escribir para mí, que alguién más pueda leerlo y quizás, comprenderlo. No resta más por decir. Fue más que un par de ayeres y noches de insomio antes de llegar a este punto. Necesitaba comprenderme. Ahora me siento en paz y estoy listo.


Ya estoy calentando el coche, preparándolo para el camino, quizás largo o quizás corto. No lo sé aún.

Solo una cosa más antes de cerrar...

¡Gracias!

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